LA VIVIENDA PARA VIVIR Y NO PARA INVERTIR. ¿HEMOS PERDIDO EL DERECHO HUMANO A LA VIVIENDA?
En las últimas décadas, el concepto de "vivienda" ha sufrido una metamorfosis radical. Lo que históricamente nació como un refugio esencial y un pilar del bienestar social, hoy se debate entre su función como un derecho humano y su nuevo rol como un instrumento financiero altamente rentable para el capital global. Esta transformación conocida como financiarización está empujando al mundo hacia una crisis habitacional sin precedentes. Estimaciones de la ONU (2023) mencionan que la crisis de la vivienda para el año 2030 podría dejar a 3,000 millones de personas sin acceso a una vivienda adecuada.
3/10/20262 min read


La financiarización se define como el creciente dominio de actores, mercados y narrativas financieras en la economía. En este esquema, la vivienda ha dejado de ser evaluada por su "valor de uso" (servir para vivir) para ser priorizada por su "valor de cambio" (capacidad de generar rendimientos).
Hoy en día, los bienes inmuebles y las hipotecas son clasificados como colaterales de alta calidad (HQC), posicionándose al mismo nivel que los bonos del tesoro estadounidense. Fondos de inversión y de pensiones ven en las ciudades una oportunidad para absorber capital excedente, buscando una rentabilidad elevada que el sector productivo tradicional a veces no ofrece. El resultado es un mercado inmobiliario líquido y globalizado, pero cada vez más desconectado de las necesidades reales de la población. Por ello, las inversiones financieras ven a la vivienda como mera especulación, una especie de cajero automático de la que es fácil extraer ganancias en muy corto plazo.
Desde la Declaración Universal de 1948, el acceso a una vivienda adecuada se reconoce como un derecho humano fundamental, esencial para la salud y el bienestar. No se trata solo de tener "cuatro paredes y un techo", sino de cumplir con siete elementos clave: seguridad de la tenencia, disponibilidad de servicios, asequibilidad, habitabilidad, accesibilidad, ubicación y adecuación cultural.
Sin embargo, la lógica del mercado ha priorizado la vivienda residencial de lujo sobre la vivienda social, convirtiendo la asequibilidad en una barrera insuperable. El relator especial de la ONU ha advertido que la financiarización ha despojado a la vivienda de su función de proporcionar espacios vitales seguros, transformándola en una simple herramienta de inversión.
La solución no es meramente técnica como construir más viviendas o mejorar la tecnología en ello, sino es más político-económica. El reconocimiento de la vivienda como la "puerta de entrada" a otros derechos (salud, educación, participación política) exige que el Estado asuma su responsabilidad de regular el mercado de manera progresiva.
Para revertir esta crisis global, es imperativo anteponer el valor de uso sobre el especulativo. Solo así se podrá garantizar que la vivienda vuelva a ser un derecho humano efectivo y no solo un activo en el portafolio de un fondo de inversión transnacional.
En concreto, mientras la vivienda se siga privilegiando desde una visión de bien de inversión y bajo un eje central de desarrollo inmobiliario, la vivienda será inasequible para los jóvenes. Y la mala calidad, hacinamiento y el asentamiento de un hogar en la irregularidad (sin servicios básicos, alejados de los centros de trabajo) seguirá siendo la norma para miles de familias. En este cotexto es necesario preguntarnos ¿es posible otro enfoque de vivienda?
Yair Yáñez
Maestro en Economía Financiera
